lunes, 23 de noviembre de 2009

El placer de tenerlo en mis manos

Camino y camino, recibí un mensaje que no entendí, son las nueve de la noche y cual cometa llevo a Ale, una buena amiga con un celular pegado a ella tras una riña con su pareja, directo y sin atajos a una muerte lenta.

Te quiero pero ... dudo mucho que alguien entienda bien el mensaje, pues yo , mi razón y mi sin razón no lo hicieron. Lo recibí, lo leí y hasta ahora no lo ubico en el plano de mi vida. Solo una exhalación profunda me despejaría el panorama.

Para graficar mejor el asunto, empecé sin querer queriendo, una relación, tal vez la más corta de mi vida, alguien algunos años menor había dado nuevas luces a una nocturna carente de días. Pero como empezó termino, tan rápido como tomar un vaso de agua después de una larga jornada de ejercicios y así me sentí sin aliento, con escaso aire. Raro; pues si me describieran dirían que soy una persona que se pasea sin vacilaciones y quien considera el amor, algo tan secundario como escoger que medias ponerse para dormir.

En el momento donde la razón se aparta de tu cabeza, una fumadora empedernida solo necesita un poco de su mal para poder entender otro.
Con 1.50 céntimos en la cartera camine rápido por la avenida Arequipa hasta llegar a Plaza Vea, bingo segura que los encontraría como siempre, me doy con la sorpresa que ya no tienen la marca que consumo, nuevamente jale a Ale en una mano y mis céntimos en la otra, la ausencia de ese humo era tan fuerte como la de él.

Sin parar hasta la avenida Angamos, y casi corriendo, entro a la primera tienda que veo, si una panadería y lotería, lo encontré, corrí hacia mi muerte lenta y con entusiasmo y el brillo que él prendía al igual que esta caja de cigarrillos en mis manos, salí.
No era él pero por un momento esta expiración lo remplazaría y después del primer cigarrillo, no vi mejor el mensaje solo el humo desvanecerse como él y los pocos días que pasamos juntos.
Entender el mensaje aun no puedo, pero buscar con desesperación un cigarro en la Arequipa, me hizo entender que no debía salir sin ellos, sin mi buena provisión de puchos y la idea de que todo tiene su final nada dura para siempre…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

como es de esperar... nunca faltaran para calmar esos momentos de ansiedad y frustración

Xtogothicbet dijo...

relajante historia, aunque el relato juega conla ansiedad creo